En República Dominicana los niños harapientos, pedigüeños, huérfanos, limpiadores de cristales en los vehículos, los hay por doquier.
En la capital y pueblos del interior la niñez no tiene protección.
Esta realidad ha motivado a distintas instituciones a dar un paso al frente. Por lo visto, la realidad de la situación requiere coraje, decisión y esfuerzo mancomunado.
Las autoridades deben ser más diligentes en esto.
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