El dolor hay que sufrirlo para sentirlo. Caidol Erold lo sufre en carne propia.
Sus lágrimas arrancaron muchas cuando procuraba en la morgue del hospital Darío Contreras el cadáver de su mujer, a quien le cayó encima el techo de la casa durante el sismo que asoló a Puerto Príncipe.
Mientras él se debatía en la tristeza, tres turistas europeos, ajenos a su dolor, gestionaban niños dados de alta para adoptarlos.
Comentarios (0)