Hay quienes la objetan por su carácter “presidencialista”, otros porque no sanciona la corrupción, y no faltan los que se oponen por el incremento del número de diputados.
Pero por encima del rechazo disperso, justo es reconocer que la Constitución que desde ayer norma la dominicanidad es la más avanzada de todas las que hemos tenido a través de nuestro devenir histórico. Empecemos ahora a respetarla.
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