Si de algo debe servir esta madeja del crimen organizado que cada día nos filtran sobre la vida del fugitivo capo José Figueroa Agosto, como si se tratase de un nuevo capítulo de una novela de suspenso, es para reflexionar en torno al peligro que se cierne sobre una sociedad que, sin importar los medios, se aferra a lujos y placeres, al igual que en los mejores tiempos de Sodoma y Gomorra.
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