Los únicos barbudos que cuelgan en casa son Jesús y el Ché.
Y no es por azar, sino porque ambos asumieron ideas y principios renunciando a las materialidades para predicar con el ejemplo.
Equivocados o no, como son las radicalidades, defendieron sus convicciones y posiciones con vehemencia.
A ninguno de los dos me lo imagino subsistir en estos tiempos de carencias morales y poses conductuales.
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