Si se estableció que los supuestos raptores del joven de Nagua que “escapó” de un cautiverio de 22 días no murieron en un enfrentamiento con la Policía, sino que fueron ejecutados horas después de entregados, se hace difícil confiar en una institución cuyas actuaciones a cada momento son cuestionadas porque en nombre del crimen a perseguir, sus agentes incurren en doble crimen: matar y mentir.
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