Hace décadas el tesoro más preciado de un hombre era su honor.
Para estos caballeros no cumplir su palabra equivalía a la muerte moral, pero ahora quienes violentan las normas morales se escudan en la “persecución política” para justificar sus inconductas y, para colmo, hay quienes los acompañan en esa “lucha”, Después no se quejen. Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
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