De la justicia siempre se ha dicho que es ciega y que sólo abre los dos ojos cuando hay dinero de por medio. Un “jodío” no corre la misma suerte que el procesado que dispone de recursos.
Por eso, no hay por qué extrañarse de que Sobeida Féliz Morel haya sido beneficiada con la libertad mediante el pago de una garantía económica y que, una semana después, se haya convertido en “fugitiva”.
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