No sorprende el bajísimo nivel de conocimientos de muchos maestros dominicanos, sobre todo en el sector público, un mal crónico.
Pero no nos lamentemos.
Así como los obreros haitianos han sustituido a los locales en la construcción y venta ambulante, y los cubanos lo hacen en la práctica deportiva y ya en la docencia privada.
¿Por qué no traer estos maestros a las escuelas oficiales, para los pobres?
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