Si me explicaran qué hacía un hombre, esposado y parecido al secuestrado, dentro de una jeepeta en el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte la tarde del viernes, un día antes de “escaparse” de sus raptores; si me dijeran por qué no estaba barbudo y desaliñado tras 22 días de rapto, y si me convencieran del por qué matar a dos sospechosos después de apresados, me atrevería a escribir la crónica del cuento.
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