Cuando el tiempo se detenga en la aurora de un nuevo día para evitar el olvido de la “generación perdida”, aquella de “ilusos” que abonó la tierra con sangre en procura de un mundo humano, o que con su canto regaló una sonrisa de esperanza, sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente y la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente. Mercedes Sosa vivirá por siempre.
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