Quienes iban a Roma en penitencia les llamaban romeros, palmeros a los que se dirigían a Jerusalén y peregrinos a los de Santiago de Compostela.
La penitencia es un acto de fe, de religiosidad; es un esfuerzo particular, un sacrificio admirado en los lugares de destino.
Aquí, donde todo pierde su sentido, esta modalidad de protesta no es grata.
Los peregrinos ni siquiera pueden llegar a la Cruz del Calvario.
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