Han sido tiempos difíciles. Expectativas forjadas al fragor de un ejercicio exitoso que le valió la reelección presidencial en el 2008, con un respetable 54% de las votaciones, no han podido ser satisfechas, porque la crisis global ha pendido como la espada de Damocles.
El presidente Fernández ha demostrado destreza, gerencia y dedicación. Hay confianza y estabilidad. La gestión tiene más luces que sombras.
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