Millones de personas en el mundo, incluidos los dominicanos, en vez de vivir, sobrevive a sus necesidades más perentorias, sin elaborar un plan de vida que en un plazo determinado lo lleve al bienestar propio y de su familia.
Esta situación produce un ciudadano angustiado y sin esperanzas.
Cambiemos la desesperanza por el optimismo si queremos un mejor país.
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