El mandatario celebra el crecimiento –minúsculo– de la economía criolla, a pesar de la crisis global.
Es optimista, ¡hurra!... pero uno se preguntaría de la economía de quién habla.
Como no se puede faltar el respeto a su dignidad, tampoco se podría decir que los que ven su economía boyante son los orondos “servidores” oficiales del Gobierno, mientras la mayoría gobernada vive, igual, en precariedad.
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