Los agentes de la Policía cumplen su deber cuando previenen el crimen. También cumplen con su deber cuando se ven en la inevitable circunstancia de confrontarse con la violencia criminal. Se reconoce que los uniformados tienen que defenderse frente a delincuentes desalmados.
Pero también la Policía es un factor generador de violencia. Cada vez más uniformados se ven involucrados en cualquier clase de crímenes o en comportamientos que exceden su marco de actuación frente a civiles desarmados. Esos dos elementos se combinan y tienden a deteriorar la imagen de esa institución. A consecuencia de ello, se ha extendido en la sociedad el reclamo de reformar profundamente la Policía y ya hay quienes abogan abiertamente por cerrarla y formar una nueva.
Todo esto viene a cuento por dos de los tantos hechos en que agentes policiales contribuyen a dañarla. El tiroteo en Sabana Perdida, Santo Domingo Norte, contra dos mensajeros de una compañía de envío de valores, sobre el supuesto de que se trataba de atracadores. Y la agresión aleve contra un estudiante en el cuartel de Mao. La magia de los teléfonos inteligentes permitió observar una parte de los hechos.
Pese a la violación flagrante de los derechos de los mensajeros, la Policía profundizó su comportamiento abusivo, y los sometió a la justicia. Las víctimas no solo fueron heridas, uno con la pérdida de tres dedos y fractura de una pierna, y otro con un balazo en la espalda, que podría tener consecuencias inciertas.
Encima de todo ello, “curados y despachados” en un hospital, terminaron encarcelados. El miércoles, el juez Bayoán Rodríguez los liberó, y reparó así una cruel injusticia. Mientras, la Policía no ha sido diligente para investigar la conducta de sus agentes, que para los vecinos son otra cosa.
Estos hechos obligan a reflexionar sobre la difícil misión que tienen los comandantes que asumen sus funciones con responsabilidad. Conducir una institución tan problematizada, es una tarea casi imposible.
Pero la sociedad y la parte buena de la Policía no pueden darse por vencidas. Hay que reformarla de arriba abajo. Urge poner en vigor la ley aprobada y observada, que sigue en estudio en el Congreso Nacional.
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