En los últimos años la República Dominicana ha mostrado un gran crecimiento en diversas áreas, principalmente en el ámbito económico. Pero el impulso de ese crecimiento no ha estado acompañado, ni siquiera de forma mínima, de un proceso de equidad en cuanto a la inversión en diversas áreas de la educación más allá de aprender a leer y escribir.
Entre inseguridad, delincuencia, narcotráfico y otras acciones indecorosas, sobre las que se pueden aplicar paliativos específicos, han surgido y crecido dos problemas que aparentan muy difícil de revertir y cuyas consecuencias se van tornando graves.
Las cifras lo dicen todo: República Dominicana está entre los siete países, de un mundo con más de 190 naciones, con el mayor índice de feminicidios, es decir, hombres que asesinan a sus parejas o ex parejas y en muchas ocasiones se suicidan.
La segunda ocurrencia en crecimiento es el embarazo en adolescentes menores de 15 años. Las cifras oficiales nos ubican en el país del continente con mayor cantidad de embarazos en adolescentes, por encima, incluso, del empobrecido vecino Haití.
¿Cuál es la gravedad de esas dos situaciones dramáticas, impulsadoras de dolor familiar, deterioro social y de pobreza?, que no existen métodos definidos para detener o al menos reducir la frecuencia con que ocurren y sus inevitables efectos.
Si se observa el tráfico de drogas, la inseguridad ciudadana, corrupción gubernamental y otros males, se pueden especificar medidas para frenarlos, aunque no se esté haciendo.
Pero en el caso de los feminicidios, que a veces son más graves, cuando se convierten en “familicidios”, hombres que matan a toda su familia y luego se suicidan; así como de los embarazos en adolescentes, habría que hacer un levantamiento de planes y estrategias muy bien pensadas, que permitan, al menos en el mediano y largo plazos, reducir su preocupante incidencia.
Instituciones hay de más: Deportes, Educación, Juventud, Mujer, Conani por mencionar algunas. Pero planes efectivos a ejecutar, muy pocos. En algún momento, las autoridades, y la sociedad misma, deberán prestar atención a esta dramática situación.
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