Que haya aspirantes a cargos electivos que tienen vinculación con el narcotráfico no debería sorprender a nadie, aunque sí producir justificada preocupación.
Por la incidencia de ese flagelo, con su poder corruptor y ante la pérdida de valores en la sociedad, gente de diferentes esferas de la vida nacional sucumben ante poderosas tentaciones.
El afán desmedido de lucro, la lucha por lograr influencia y dinero a como dé lugar, sin importar los medios y las consecuencias, arrastra a distintos sectores y los políticos no son una excepción.
Que el narcotráfico haya penetrado algunas instancias de autoridades y que también busque protección a través de políticos y candidatos da una idea de la gravedad de esta situación y de sus serias implicaciones.
Igualmente inquietante es que a nivel de opinión pública se desconozcan los nombres de estos bribones que, amparados en el dinero proveniente de un perverso y criminal mercado de drogas, tratan de llegar a importantes posiciones dirigenciales.
Ojalá que, además de debates y titulares en los periódicos, se hagan investigaciones serias y profundas, apoyadas en evidencias concretas, para prevenir en alguna medida el avance de este peligroso mal.
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