En medio de la frustración que provocan decisiones judiciales favorables a incriminados por graves delitos, la sentencia a los vinculados a la red criminal encabezada por José Figueroa Agosto se convierte en aliciente para una sociedad cada vez más desconfiada. Desconfiada de quienes están llamados a ofrecer seguridad y protección, de las instancias encargadas de hacer que impere la ley.
El Primer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional, después de un largo período que conllevó el proceso, a veces muy marcado por incidentes que lo dilataron, finalmente cumplió un cometido, que probablemente conecte con el sentimiento social. Al menos, es lo que se desprende con las primeras declaraciones del Ministerio Público, que definió el dictamen como positivo.
Y efectivamente, sin pretender erigirnos en jueces, lo importante es que ante las evidencias presentadas por las autoridades, el proceso se ha cumplido a plenitud en esta primera instancia.
Pero para diversos sectores queda una ventana que no ha sido cerrada, y uno de los condenados la señaló ayer tan pronto fue conocida la decisión de los jueces. No todos los que estuvieron relacionados con la organización criminal fueron capturados. Algunos siguen prófugos o no fueron detectados por las autoridades. Tampoco ningún militar fue encausado.
De todas formas, la sentencia está emitida y los procesados quedan en capacidad de ejercer los derechos que les acuerdan las leyes, como recurrir en apelación.
Y una cuestión muy importante. El mensaje que el caso encierra. El crimen no puede quedar impune, no sólo para los actores directos, sino también para sus asociados en prácticas relativamente nuevas en la vida judicial dominicana, como el lavado de activos, considerado por la Convención de Viena de 1988 en el mismo rango que el narcotráfico.
Los jóvenes, aún aquellos que no encuentran oportunidades en el mercado laboral y tienen la preparación de un oficio o profesión, no deben dejarse seducir por las fáciles vías del enriquecimiento ilícito. Son caminos fáciles, pero llenos de peligros y riesgos, como la cárcel o la muerte.
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