Todas las iniciativas y fórmulas destinadas a fomentar la creación de empleos y preservar los existentes constituyen imperativos de primer orden por su crucial incidencia en materia económica y social.
De ahí la gran importancia y el interés que generó el foro sobre Desarrollo Local y Empleo que organizó la Secretaría de Trabajo y que contó con la participación activa del sector privado.
Las propuestas que se presentaron no deben quedar en simples ponencias o disquisiciones meramente teóricas, sino que deben ser llevadas a la práctica.
El desempleo es uno de los indicadores más negativos en cualquier economía, no importa el modelo de ésta.
Es el principal índice para medir la pobreza de un país. Mientras más elevada es la tasa de desocupación, mayor es la cantidad de personas de escasos recursos económicos.
Aunque el pleno empleo realmente no existe, las grandes economías se distinguen por presentar índices de ocupación de su población económicamente activa de cuatro, cinco, seis o siete por ciento, es decir de un solo dígito, mientras más bajo mejor.
En el caso dominicano, las últimas informaciones ofrecidas por el secretario de Trabajo, Max Puig, hablan de una tasa de desempleo de 14.9%. No es un nivel ideal, aunque puede considerársele bajo, entre los altos.
La situación, sin embargo, es entendible si se toma en cuenta que importantes áreas económicas, como las zonas francas, han estado enfrentando bajas en sus planillas laborales, a causa de los efectos de la crisis global y de otros acontecimientos.
Según cifras ofrecidas por la directora ejecutiva del Consejo Nacional de Zonas Francas, desde el año 2000 a la fecha, el sector zonas francas ha perdido 65 mil plazas laborales.
Si a esa situación se agrega que, según proyecciones oficiales, el mercado laboral dominicano demanda cada año 100 mil puestos de trabajo adicionales, entonces la política para dotar de empleos a los nuevos y viejos demandantes debe ser una gran prioridad nacional.
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