La semana pasada se celebraron dos jornadas muy especiales. Una auspiciada por una coalición de organizaciones, más de 300, defensoras de la educación. Otra, organizada por la Junta Agroempresarial Dominicana para analizar el presente y el futuro de la agropecuaria nacional.
Las dos actividades tuvieron como protagonistas a los candidatos a la Presidencia de la República y junto a otros actores se convirtieron en forjadores de nuevos espacios democráticos y de esperanza. Todos suscribieron un pacto mediante el cual se comprometen a invertir el cuatro por ciento para la educación a partir de 2013.
En el otro escenario, los candidatos presidenciales intercambiaron con productores agropecuarios en el marco del XII Encuentro Nacional de Dirigentes del Sector Agropecuario. Fue una magnífica oportunidad para exponer sus ideas y planes ante los más importantes representantes organizados de las empresas productoras de alimentos de origen agropecuario.
Estamos ante nuevas formas de comunicación y participación en el ejercicio de la gestión pública, en la formulación y definición de las que pudieran ser políticas de Estado.
Es muy obvia la importancia de este tipo de reunión y sus auspiciadores merecen el reconocimiento. El período es propicio para ello. Los aspirantes a dirigir el Estado tienen la oportunidad de presentar sus ideas y proyectos.
Con esta clase de actividad, se corre el riesgo de que los aspirantes al poder ofrezcan demasiado. Es parte de la cultura dominicana, que en campaña los políticos ofrecen todo, y ya en el poder, hacen “lo que se puede”. A veces simplemente se burlan de los compromisos contraídos.
Los actores sociales cumplen sus responsabilidades, juegan sus roles y recogen las demandas más sentidas, convencidos de que mañana podrán reclamar la vigencia de los pactos concertados. Es el caso de los defensores del 4% para la Educación, que no defienden intereses sectoriales, sino esencialmente de la población.
Al margen de los resultados finales, lo más importante es que se fortalece la cultura del diálogo y el compromiso y se obliga a los potenciales gobernantes a asumir una agenda social que merece la más seria atención.
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