Sí, como lo titulamos: ¡Cuánta violencia está generando la sociedad! Hasta quienes manejan cotidianamente informaciones duras, como periodistas y policías, o los médicos que reciben a las víctimas en las emergencias, no ocultan el grado de consternación ante tanta violencia.
Y esta vez no es la peligrosa y temible violencia directa del narcotráfico o la que genera el raterismo o la delincuencia criminal organizada. No, es la violencia vecinal o intrafamiliar.
Una jornada cualquiera trae la develación de unas amigas, unas vecinas que se coaligaron con terceros para quitarle la vida a una mujer trabajadora. Le montaron un escenario, un teatro que la infeliz creyó, para secuestrarla y asesinarla de la manera más cruel.
Una mujer de Samaná traiciona cobardemente a su esposo, su pobre compañero de vida y conspira con un delincuente al que contrata fríamente para asesinarlo. Simplemente para apropiarse de los bienes de su víctima. En Barahona, otro animal, porque dejan de ser seres humanos, agrede a su compañera. Una pobre chica de 16 años, a la cual estrangula, en estado de embarazo.
Sin considerar que lleva consigo un fruto al que ha dado vida. Y como si nada, una mujer muere después que una vecina, su familiar más cercano, le lanzó un caldero con aceite ardiente.
¿Qué sociedad violenta es la que estamos compartiendo? Es verdad que esas personas no son la expresión total o final de la sociedad. Pero son productos, son resultados de esa industria social donde impera la pérdida de valores. A veces el absurdo incomprensible, a veces la ambición desmedida o el extravío conductual. Pero absolutamente doloroso, en cualquier caso.
Comentarios (0)