Lo ideal sería que el Estado no tuviera la necesidad de aplicar políticas asistencialistas y que en su lugar los esfuerzos se concentraran en reducir la inequidad social.
De esta forma se brindaría un mejor servicio al país en términos de fortalecimiento institucional, al promover los medios para que la gente no esté sujeta a ayuda ocasional y pueda por cuenta propia cubrir sus necesidades.
Ocurre, sin embargo, que mientras estemos en presencia de una meta incumplida, reducir o eliminar la asistencia social sería en la práctica un acto inhumano, pues privaría a muchos pobres a subsistir, aunque sea precariamente.
Por eso hay que saludar como positivo el préstamo por 500 millones de dólares aprobado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar programas sociales en la República Dominicana.
Gran expectativa ha creado también el anuncio de la Lotería Nacional de que proyecta erogar más de 700 millones de pesos para incrementar su paquete de ayudas sociales en beneficio de la población más necesitada del país. Es de esperar, pues, que la anhelada asistencia se materialice y que beneficie a los más pobres.
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