Para hacer sentir el peso de su pálpito y la naturaleza hondamente humana de su impronta individual y colectiva, la poesía tiene motivos de existencia que la cerrazón de toda laya y el delirio mercantil y consumista de la sociedad y el Estado corruptor actuales no logran comprender ni tampoco admitir como un bien espiritual de primer orden.
A veces nos envuelve la ebriedad del sinsentido que apoya el aserto de la utilidad de lo inútil con que, por ejemplo, Oscar Wilde sentenciaba la función social del lenguaje poético y de ficción.
Percepción ésta, que más tarde el filósofo Martin Heidegger redondeará con la idea acerca de la inocuidad y la inoperancia del poema, a pesar de su incuestionable relevancia ontológica.
Sin embargo, no cabe duda alguna en torno al hecho de que la poesía, en cuanto que la más encumbrada expresión estética del lenguaje humano y la más próxima al testimonio vital del pensamiento como don privilegiado de la especie, está presente en la más radical y abarcadora revelación de la cultura y de los afanes por la sobrevivencia en las sociedades del mundo.
Los párrafos precedentes, escritos en lenguaje poético y con un gran sentido filosófico, invitan a la reflexión en un mundo atribulado por la violencia, precariedades y un sinnúmero de desafíos que requieren de la templanza y de la visión trascendente que logra quien se sumerge en la poesía.
El pensamiento es del poeta José Mármol y fue expuesto en el marco del acto inaugural del Segundo festival internacional de poesía Santo Domingo 2009, del cual es presidente del comité organizador, un evento que merece destacarse como contrapeso a la creciente propensión a dejarnos envolver por vacuos predicamentos y tendencias enajenantes.
Con razón, Mármol sostuvo que la reunión de los poetas en Santo Domingo era una excelente oportunidad para “desmentir esa infamia de la trivial y vacía sociedad del espectáculo, del capitalismo salvaje y de la existencia autómata en la carrera delirante por la eficacia y la eficiencia narcóticas de la productividad y el comercio galopantes”.
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