El mecanismo que se proyecta aplicar por ley para producir ajustes automáticos en la tarifa técnica de electricidad se perfila como una nueva fuente de inquietud en un área muy sensible de la economía y la producción, donde hace varias semanas se había producido un aumento de un 8 por ciento.
La más clara y responsable señal de advertencia en ese sentido la formuló ayer monseñor Agripino Núñez Collado, cuando dijo que sería “peligroso” establecer ese procedimiento sin garantizar primero el cese de los apagones, para que la gente reciba la energía que le será luego cobrada.
Tiene mucha razón el prelado al señalar que la aplicación de una medida que en la práctica determinará nuevas alzas en el servicio de electricidad debe ser ponderada con mucho cuidado para “no llevar más angustia e intranquilidad a la población”.
La justificada aprensión se inscribe en el contexto de la pasada huelga general convocada por una serie de organizaciones que reflejó, entre otros elementos, un creciente nivel de descontento por las políticas públicas adoptadas por el Gobierno, especialmente en materia de impuestos y las que inciden en el costo de la vida.
De acuerdo a factores estrictamente económicos, el ajuste propuesto debería ser aceptado sin reservas como algo lógico, atendible y también necesario, si no fuera porque en la cultura dominicana este servicio por décadas ha sido deficiente y con muchas distorsiones que facilitan las conexiones ilegales y el robo de electricidad.
En esta nueva coyuntura, llama la atención la celeridad con que los directivos del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) respaldaron el proyecto de ajuste, ya que el alza del 8 por ciento la rechazaron de plano, porque provocaría pérdida de competitividad al sector empresarial y disminuiría el flujo de caja de las pequeñas y medianas empresas.
Es obvio que el Gobierno está ante una gran encrucijada, pues por un lado está compelido a cumplir con exigencias del Fondo Monetario Internacional, mientras debe evitar más tensiones a una población que tiene muchos motivos de disgusto.
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