La muerte trabaja para recrear la vida. Es un reordenamiento. La que llamamos muerte es en realidad una mudanza. Uno deja el cuerpo que le fue tan útil para caminar en esta etapa terrena y vuela con su espíritu, que es lo que pasa con el sueño cada noche. Estamos para siempre, por eso tenemos que empezar a llevarnos bien con la vida porque la muerte es una recreadora de la vida.
Esta profunda reflexión, propia de un filósofo y de un poeta cuando trata de escudriñar las incógnitas y los misterios de la existencia humana, fue uno de los temas fundamentales abordados por Facundo Cabral, en una entrevista concedida a BBC Mundo, en 2007.
El pensamiento del cantautor argentino fue rememorado a propósito del atentado en que pereció en Guatemala, donde había referido que los miembros de una comunidad indígena cuando se retiran de una reunión en la noche no dicen “vamos a dormir”, sino “vamos a ensayar la muerte”.
Mientras América Latina llora su muerte y todavía no se repone del impacto y el estupor producido por el trágico acontecimiento, el hecho de que fue en esa nación centroamericana donde su vida terminó ha sido interpretado como uno de los inexplicables detalles de la ironía de la vida.
Facundo Cabral será recordado como un poeta que cantaba al amor y a la solidaridad con los desposeídos y que abogaba por la compenetración amigable y pacífica entre los seres humanos, para dejar de lado odios, antagonismos, abusos e injusticias.
De ahí su permanente invitación para que la gente escuchara su corazón antes de que interviniera la cabeza, a fin de que todos sus actos estuvieran guiados fundamentalmente por amor.
Meditar sobre este pensamiento trascendente e incorporarlo a la vida de pueblos y naciones para superar diferencias y aunar voluntades es la mejor forma de recordar a este gran mensajero de la paz.
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