La capacidad del narcotráfico internacional para seguir sus funestas operaciones mediante el diseño y aplicación de nuevos métodos es inconmensurable, lo que dificulta la lucha antinarcóticos en la República Dominicana por limitaciones de recursos y equipos especiales.
Luego de que las trazas de vuelos irregulares disminuyeran como resultado del rastreo y persecución de los aviones Súper Tucanos, ahora la droga llega a nuestro territorio por vía marítima, especialmente en lanchas rápidas.
Esto obliga a reforzar el equipamiento de la Marina de Guerra y de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), ya que con sus actuales recursos no es posible hacer frente al desafío en gran escala que representa el narco con su poder económico y su creatividad para tratar de evadir la vigilancia de las autoridades.
Esta es probablemente la única forma de impedir, o cuando menos reducir la posibilidad de que los traficantes puedan seguir usando al país como puente para el trasiego de drogas hacia el territorio continental de Estados Unidos.
En vista de la intensificación en el patrullaje aéreo, los traficantes llevan sus cargamentos en lanchas de gran desplazamiento por las costas Este y Sur, desde Higüey a Pedernales, y luego lo transportan por tierra al litoral norte del país.
Un dato que revela hasta qué punto la DNCD enfrenta uno de los mayores retos de su historia, es el hecho de que miembros de carteles de México y Colombia se han establecido en el país y utilizan los servicios de operadores locales.
Otro detalle inquietante es que como se continúa con la práctica de pagar en naturaleza a quienes ayudan a movilizar la droga, el microtráfico tiende a incrementarse en barriadas humildes, donde este fenómeno tiene como secuela frecuentes ajustes de cuentas por el control de puntos de distribución.
Debido a la dimensión de estas operaciones y del trastorno que provocan en toda la sociedad, muy asociado a nuevas modalidades de violencia, el combate al narcotráfico amerita cada vez más un esfuerzo conjunto de todos los sectores para evitar que el crimen organizado amplíe su campo de acción.
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