Después de que se creía el país salvado del cólera, tras la exitosa campaña sanitaria montada por Salud Pública ante la epidemia que se desató en Haití, el brote surgido en La Ciénaga amenaza con extenderse y cobrar vidas humanas.
Luego de un breve período de aparente inacción en que decenas de personas comenzaron a presentar síntomas de la terrible enfermedad, finalmente las autoridades sanitarias reaccionaron al admitir la presencia del cólera en ese humilde sector barrial.
En este momento, lo relevante no es destacar lo que no se hizo a tiempo, sino las acciones que se están tomando para ir en auxilio de los afectados y aplicar las medidas necesarias para evitar que el brote llegue a otras empobrecidas barriadas citadinas.
El hecho de que el cólera haya surgido en una zona caracterizada por la insalubridad y grandes carencias materiales es un factor de alto riesgo, debido a que paralelamente a las atenciones a los enfermos, es necesario emprender una intensa campaña de orientación para prevenir nuevos casos.
De ahí, la pertinencia de la declaratoria de alerta máxima hecha por el Ministerio de Salud Pública para evitar que la enfermedad afecte a más familias en La Ciénaga, mientras aplica acciones de control en otros barrios que conforman el área IV de Salud.
El objetivo no es provocar un pánico que en nada ayuda a combatir la enfermedad, sino crear conciencia en la población para impedir, con planes de autoprotección sanitaria, a ser presa de un brote que se expande con facilidad en lugares donde predomina la basura y el hacinamiento.
Aun en medio de una situación comprensiblemente alarmante y peligrosa, los residentes en el foco detectado y los familiares de los pacientes que reciben atención médica deben cooperar eficazmente en evitar la propagación del cólera.
La confusión y la adopción de disposiciones dispersas sólo pueden contribuir a agravar un mal que requiere ser enfrentado con una eficaz logística sanitaria.
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