Las autoridades municipales tienen que ser más estrictas en las normativas que regulan el uso de espacios públicos para evitar que la ocupación por parte de vendedores obstaculice el libre y seguro movimiento de transeúntes.
A pesar de disposiciones vigentes, una inexplicable dejadez o tolerancia frente a este tipo de violaciones convierte tramos de aceras y hasta de la propia vía pública en improvisados mercados.
Solo de tiempo en tiempo se hacen los denominados operativos para recuperar esas áreas y lograr que, después de ser debidamente despejadas, vuelvan a facilitar la movilidad ciudadana en condiciones adecuadas.
Aunque esporádicos y en muchos casos sin responder a un bien articulado programa de seguimiento, estos desalojos, inducidos o voluntarios, producen alivio a los peatones, a la vez que eliminan un feo espectáculo citadino.
Un ejemplo de esto es la limpieza y el aspecto despejado que presentan ahora las aceras, contenes y hasta parte de la calzada de la avenida Hermanas Mirabal, desde la avenida Charles de Gaulle.
Ojalá que se llegue a un acuerdo para evitar una nueva arrabalización y permitir que buhoneros se ganen la vida sin causar perjuicios a la ciudadanía.
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