El abuso físico y emocional contra cualquier persona es un acto inhumano que amerita la más firme reprobación y que adquiere el carácter de crimen de lesa humanidad cuando se comete en perjuicio de niños, niñas y adolescentes.
Si además de afectar a infantes, los autores de estos maltratos son sus propios progenitores, estamos en presencia de increíbles acciones de crueldad y barbarie que ameritan el rechazo de la sociedad y de ejemplarizadoras condenas en los tribunales.
Estas situaciones que comentamos parecerían en principio extraídas de una novela de horror protagonizada por padres de familia que sufren serias perturbaciones mentales, pero en realidad no son fruto de la imaginación, sino hechos muy reales registrados en 13 barrios del municipio Santo Domingo Norte.
La revelación sobre estos increíbles atropellos ha trascendido mediante una investigación del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), que permitió establecer que el 67 por ciento de los niños de esa zona con edades de 10 a 14 años son maltratados física y psicológicamente en sus hogares.
El estudio precisa que entre los principales motivos por los cuales los padres golpean a sus hijos figuran actos de desobediencia, falta de respeto, acciones prohibidas y malas calificaciones en el desempeño escolar.
Sin embargo, nada justifica que se abuse de la indefensión de niños, aunque hayan incurrido en estas y otras faltas, por intolerables que sean. Uno de los aspectos más graves que afloraron es que en algunos casos las golpeaduras son propinadas por padres ebrios o que han consumido drogas narcóticas.
La credibilidad de esta investigación no admite dudas ni cuestionamientos, ya que fue realizada con todo rigor y profesionalidad académica, mediante una muestra de 600 estudiantes en 25 escuelas de Santo Domingo Norte.
Estos datos no deben quedarse únicamente en el ámbito de una patética divulgación. Deben ser el punto de partida de una investigación a fondo de parte del Ministerio Público que culmine con juicios y acciones penales.
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