La reflexión es un medio ideal para que una colectividad, imbuida por un espíritu sereno, pueda aquilatar en su justa dimensión las consecuencias de sus actos, actitud con la cual se contribuye a una coexistencia armoniosa en sociedad.
En Semana Santa es ya un ritual común que tanto la Iglesia como los partidos y sus dirigentes se pronuncien en favor de que las familias y los ciudadanos en general aprovechen el asueto para una meditación que trascienda el utilitarismo cotidiano.
En boca de la Iglesia católica y de sus más altos dignatarios esta es una instancia que inspira mucha credibilidad –y no solo durante la Semana Mayor– por su coherente predicamento para que prevalezca siempre un ambiente fraterno y de unidad familiar.
Lamentablemente, en lo que se refiere a la dirigencia política nacional no puede decirse lo mismo, aunque tampoco es justo hacer una generalización en ese sentido, puesto que algunas exhortaciones son sinceras, producto de verdaderas convicciones y, más importante que eso, refrendadas por actuaciones personales.
De todas maneras, es conveniente que las organizaciones políticas se unan a los llamados de disfrute prudente y respetuoso en este período, a fin de reducir al mínimo la posibilidad de víctimas, accidentes y tragedias, pero la acogida sería mayor y más positiva si todas predicaran con el ejemplo.
En muchos casos los llamados a tregua en el proselitismo y en el debate, que por cierto no siempre son sensatos, orientadores y equilibrados, se quedan en simples enunciados o en aprovechamientos coyunturales de marketing político.
Mientras recomiendan a la población que no incurra en excesos y que reflexione sobre lo que más conviene al bienestar del pueblo, deberían hacer un alto en la cháchara partidaria y reflejar ante sus adeptos y seguidores una actuación propia de esta sagrada festividad.
Esto constituiría un laudatorio cambio de comportamiento que no solo será beneficioso para la convivencia civilizada, sino para la vigencia y respetabilidad de los propios partidos, al lograr una mayor correspondencia entre lo que dicen y lo que finalmente hacen.
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