La limpieza y cuidado que se observa en los cementerios dedicados en el país para el descanso eterno de ciudadanos árabes, judíos, chinos, coreanos, japoneses, y miembros de otras nacionalidades, es una demostración del permanente aprecio que esas étnias muestran a sus difuntos.
Esta esmerada atención a las tumbas de sus parientes contrasta notoriamente con el aspecto de abandono que tienen muchos de los camposantos que están a cargo de administraciones municipales en la capital y otras poblaciones del país. Este inadmisible descuido es producto de la degradación y la falta de sensibilidad humana que se manifiesta en algunos ámbitos de la sociedad dominicana.
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