En el discurso que dirigió anoche a la nación, el presidente Leonel Fernández delineó las estrategias que seguirá el Gobierno ante los altos precios del petróleo y las continuas fluctuaciones de los alimentos en la economía mundial.
El gobernante fue receptivo a las expectativas de algunos sectores de la sociedad, ya que en materia de austeridad y ahorro, en primer término enumeró los constreñimientos a que se someterán las instituciones públicas.
Con un barril de petróleo que ronda los 100 dólares, se imponían esas restricciones, entre las que figuran un recorte de 12 por ciento en los gastos del Gobierno y una disminución de un 10 por ciento en el consumo energético en los edificios públicos.
Pero como era comprensible ante la magnitud de la crisis energética y las perspectivas de agravamiento en el mercado internacional, algunos sectores tendrán también que hacer su contribución para enfrentar la presente coyuntura.
Por ejemplo, mediante decreto se dispone que las unidades de transporte urbano, interurbano y de carga trabajarán de manera interdiaria, a fin de lograr un apreciable ahorro de combustibles.
En medio de esta situación, es importante que el Gobierno haya previsto un vital aporte social a los más necesitados, mediante plazas agropecuarias que venderán alimentos a precios razonables.
Otro aspecto significativo es el plan para la conversión a gas natural de la flota de transporte público de pasajeros, lo que permitirá ahorrar divisas y también reducir las emisiones contaminantes.
Ahora, es de esperar que los programas esbozados sean ejecutados conforme a lo planificado, que se les dé el debido seguimiento y que bajo ningún concepto se permitan violaciones o desconocimientos selectivos.
Tan importante como esto es que la ciudadanía haga conciencia de la necesidad de ahorrar energía por cuenta propia y sin necesidad de imposiciones.
Se trata de un imperativo de alto interés y prioridad nacional al que nadie debe sustraerse.
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