Es una pena que algunos jóvenes prospectos de las Grandes Ligas arriesguen su carrera, seducidos por la vida alegre y desenfrenada de burdeles de Boca Chica, donde disipan tiempo y energía vitales que los apartan de la indispensable disciplina que debe llevar todo buen deportista.
En modo alguno se trata de una inquietud mojigata o de someter a estos jóvenes al rigor de los monjes enclaustrados en un monasterio, sino de una legítima preocupación, porque la falta de disciplina los aparta de normas y requerimientos que son fundamentales para su desarrollo profesional.
Ante lo que está ocurriendo con estos prospectos no debemos circunscribirnos a un comentario episódico. Debe mover a estudio, reflexión y, sobre todo, medidas efectivas para rescatar a estos jóvenes descarriados y orientar a quienes no han caído para que tengan conciencia sobre la responsabilidad que tienen ellos mismos.
Como los representantes de las academias de entrenamiento de béisbol dicen que no pueden ser guardaespaldas o ángeles custodios de los prospectos en su tiempo libre, sus padres y el Ministerio de Deportes deberían hacer algo para orientarlos y evitar que arruinen su carrera y su propia vida.
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