Como país soberano, la República Dominicana se rige por sus propias leyes y tiene que satisfacer, en primer término, sus intereses estratégicos, por encima de presiones o de cualquier imposición indebida, no importa de qué Estado o potencia provenga.
Es este un imperativo innegociable, consustancial a nuestra independencia como nación y que debemos ejercer con libertad y sin temores, aunque traten de aplicarnos chantajes sutiles o grotescos.
Decimos esto a propósito de una serie de coincidentes planteamientos hechos recientemente por los ex presidentes de Estados Unidos, Jimmy Carter y Bill Clinton, y por un alto funcionario de ese país, sobre la necesidad de que la República Dominicana asuma como propio y de manera principal el drama haitiano.
En lugar de esta improcedente exigencia, los dos ex gobernantes y el coordinador principal para iniciativas económicas de la Dirección de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Charles Shapiro, deberían promover iniciativas para que la comunidad internacional sea la que asuma de verdad el caso de Haití.
La socorrida tesis de que muchas de las soluciones de la problemática haitiana se encuentran en República Dominicana es un acomodaticio e irresponsable argumento que de tiempo en tiempo se esgrime desde algún ámbito de la comunidad internacional.
Es cierto que como naciones hermanas que compartimos una misma isla podemos asumir retos comunes y tener expeditas vías de cooperación, pero de forma organizada, dentro de ciertos límites, sujetas a normas claras y sin la obligación que tratan de imponernos.
Fuera de compartir el territorio de una isla, somos dos pueblos con perfiles propios muy bien definidos, con culturas distintas, sistemas políticos independientes y problemáticas bastante diferenciadas, aunque con peligros comunes como el narcotráfico.
Podemos ser amigos y solidarios –y de hecho lo somos principalmente del lado dominicano– en muchas tareas y asumir compromisos que estrechen nuestros vínculos, pero cada uno afrontando su propia circunstancia, sin que nadie venga a trazarnos pautas.
Los dominicanos debemos sentir orgullo por nuestra identidad e independencia y no temer a quienes desean que renunciemos a ella diciendo que incurrimos en actitudes “chauvinistas o patrioteras”.
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