El mensaje pastoral emitido por la Iglesia católica con motivo de la celebración, el próximo 27 de febrero, del Día de la Independencia Nacional, es un alerta sobre el agravamiento de las carencias y penurias que afectan a grandes conglomerados de la población dominicana.
Es un punto muy sensible, que tocó dentro de una enumeración de males sociales, al preguntar: ¿Con qué justicia permitimos a una inmensa población que viva sin condiciones sanitarias en sus viviendas, que sólo en el Suroeste equivale a más de un 20 por ciento de las familias, lo que propicia la falta de dignidad de la persona, la contaminación con todas clases de enfermedades y la propagación del cólera?
A los obispos dominicanos les inquieta sobremanera este tema social y claman por una mayor atención y sensibilidad por parte de las autoridades para regular las construcciones de viviendas cerca de ríos y cañadas y la adopción de programas de ayudas para que los más pobres puedan construir sus propias casas.
Como se observa, el llamado de la Iglesia es una expresión de las necesidades y del sentimiento de indefensión que embarga a muchas familias desvalidas que deberían recibir ayuda sostenida y no dádivas coyunturales.
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