El concepto de una humanidad realmente sensible y bien entendida en favor de los más desvalidos siempre debe primar en una sociedad civilizada, incluso por encima de frías normas legales que por su naturaleza no están llamadas a hacer distinciones o conmoverse frente al drama individual de ninguna persona.
En ese sentido, es digno de apoyo y consideración el pedido que acaba de hacer a las autoridades penitenciarias el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez para que se permita morir con dignidad en sus casas a los reclusos con enfermedades terminales que cumplen condenas en distintas cárceles.
Esa condición de por sí extrema y dramática, evidencia de una muerte en progreso, debe generar conmiseración en jueces, fiscales y autoridades encargadas de los recintos penitenciarios, tal como sugiere el arzobispo metropolitano de Santo Domingo.
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