Con toda la autoridad que le asiste por su invariable y recta trayectoria en favor de los desamparados y de las causas más nobles, la Iglesia católica llamó nuevamente la atención nacional sobre la necesidad de reflexionar sobre una serie de males que aquejan a la sociedad.
En ese sentido pregunta: ¿Con qué derecho se priva a nuestro pueblo de una enseñanza moral y cívica, de una formación integral, humana y religiosa que nos deja como consecuencia ciudadanos corruptos, que exigen prebendas para nombramientos y proyectos de inversiones?
Otro tema digno de meditación y también de respuestas es la preocupación por la gran mayoría de jóvenes que no tienen acceso a un trabajo remunerativo.
Coincidimos plenamente con la Iglesia que no puede haber una convivencia humana digna en un ambiente de impunidad, inseguridad ciudadana y complicidad de autoridades en actos delictivos.
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