Las leyes, que no son inmutables, al igual que pueblos y naciones, sujetos a cambios y evoluciones constantes en todos los órdenes, deben estar acordes con necesidades vitales y tener efectividad en su aplicación, más allá de los enunciados.
Los legisladores, que son los que constitucionalmente tienen la facultad de aprobar y modificar las leyes, tienen que ser receptivos a las inquietudes de la población, a la que representan por delegación electiva, y estar atentos a la forma de apoyar causas y proyectos de interés general.
Decimos esto a propósito del papel importante que debe jugar en este momento el Congreso para fortalecer los mecanismos legales y represivos para combatir con mayor energía el crimen organizado en todas sus manifestaciones, principalmente en el nefasto sicariato.
La manera en que se han incrementado en los últimos tiempos los asesinatos por encargo, a cualquier hora del día y en lugares céntricos de ciudades, amerita una urgente respuesta de parte de todos los estamentos de la estructura jurídico-administrativa del Estado.
Uno de los medios es la aprobación del proyecto de ley sometido a la consideración del Congreso por el senador Amable Aristy Castro para castigar el sicariato, penalizar la autoría intelectual y la instigación, regular los crímenes complejos y el cúmulo de penas.
El anteproyecto, elaborado por el Colegio Dominicano de Abogados, define el crimen organizado como la forma de delincuencia que se caracteriza por provenir de un grupo estructurado de tres o más personas, que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos.
Por autoría intelectual se entenderá la persona o personas que conciben la idea de ejecutar un crimen, para lo cual pagan una suma de dinero u ofrecen una ganancia material, obteniendo concomitantemente un beneficio pecuniario, material o de cualquier índole.
Además de esta ley, se requiere una actuación firme de la Justicia y de las autoridades en general, para combatir sin reserva las complicidades con el sicariato, sin importar posiciones y jerarquías.
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