El expresidente mexicano Vicente Fox incurrió en un acto desconsiderado, infamante y abusivo al utilizar la generosa hospitalidad dominicana para lanzar improperios contra Hugo Chávez, un jefe de Estado con el cual nuestro país mantiene estrechos vínculos de amistad y cooperación.
Las acusaciones que hizo contra el presidente venezolano de patrocinar el narcotráfico constituyeron un acto temerario e irresponsible, ya que no aportó prueba alguna para sustentar una imputación de tal gravedad.
Además, con su acción desaprensiva durante su visita privada al país, puso en aprietos al Gobierno y la diplomacia dominicana frente a Chávez, lo que ha obligado a la Cancillería a emitir una nota de desagravio.
Con toda razón, el ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Morales Troncoso, ha dicho que fue de mal gusto ver a Fox atacar a un país amigo y hermano como Venezuela, que ha sido solidario con la República Dominicana, especialmente en el otorgamiento de facilidades financieras.
En ese sentido, basta citar el papel crucial que ha jugado para la economía nacional el acuerdo de Petrocaribe, mediante el cual Venezuela nos suministra petróleo con financiamiento en condiciones considerablemente ventajosas.
Este tratamiento preferencial concedido por el presidente Chávez ha sido determinante en la forma provechosa en que la República Dominicana ha podido manejar sus necesidades energéticas frente a un mercado internacional del crudo que ha estado sometido en los últimos años a inestabilidad y alzas periódicas.
En justa correspondencia, frente a Venezuela y la administración Chávez estamos obligados a ser solidarios y agradecidos. En consecuencia, no podemos permitir que se use nuestro territorio como plataforma para emitir denuestos contra su persona y el equipo que le acompaña en sus funciones gubernamentales.
Con su experiencia de Estado, Fox ha debido observar prudencia y delicadeza, además de respeto a sus anfitriones dominicanos para no cometer un desaguisado propio de una persona ignorante y desequilibrada, incapaz de medir el alcance de sus palabras y de sus actos.
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