Los programas que entrañan conquistas sociales y que impactan positivamente la calidad de vida de miles de niños no pueden estar sujetos a vaivenes y suspensiones, como los que han afectado en los últimos tiempos al desayuno escolar.
Si continúa esta paralización y no se superan los problemas que ha venido arrastrando con las intoxicaciones en diferentes escuelas y regiones del país, el programa corre un serio peligro de colapsar.
Esto constituiría una verdadera tragedia social, ya que un millón y medio de niños dejarán de recibir un alimento que es fundamental para su desarrollo físico y mental.
Esto a su vez provocará un bajo nivel en el aprovechamiento de la enseñanza y aumentará la deserción escolar, debido a la desnutrición causada por la pérdida de una comida que es básica en la dieta diaria.
El perjuicio resultaría dramático para miles de niños y sus familias en zonas apartadas y empobrecidas, donde el desayuno escolar era en muchos casos el medio más regular y sostenible de alimentación.
La irregularidad en el suministro, a causa de anomalías que han vuelto a presentarse, a pesar de las medidas adoptadas por las autoridades, afecta la credibilidad de un importante programa que debe preservarse por su gran importancia social.
De ahí, el clamor de representantes de diferentes sectores para que el Ministerio de Educación y el Gobierno se aboquen a superar los inconvenientes de un plan de asistencia que beneficia principalmente a miles de niños de los estratos sociales más deprimidos del país.
La opinión pública espera que paralelamente también se ofrezcan detalles precisos y concluyentes sobre las investigaciones emprendidas a raíz de las denuncias de que manos criminales estarían detrás de las intoxicaciones.
Los posibles problemas de higiene y manejo, así como los conflictos de intereses entre suplidores, particularmente de la leche, tienen que ser superados cuanto antes para que el desayuno escolar sea restituido sobre bases perdurables y sin más entorpecimientos.
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