El robo de las tapas de alcantarillas se ha tornado en un mal virtualmente interminable que aflora de tiempo en tiempo con mayor intensidad, sin que las autoridades hayan sido capaces de erradicarlo o cuando menos atenuarlo. Además del hecho en sí doloso, estas sustracciones provocan accidentes y daños a los vehículos, al quedar al descubierto registros sanitarios y de drenaje pluvial en calles, avenidas y carreteras.
En Santiago se han tornado en un dolor de cabeza para el acueducto. Es un reflejo de cómo grupos de malandrines logran actuar impunemente.
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