Una vez más los humildes e impotentes ciudadanos que carecen de medios propios de transporte han tenido que sufrir los rigores de la prepotencia, el desorden y también de las acciones violentas de los choferes públicos.
Como en otras muchas oportunidades en que logran actuar impunemente y sin control alguno, han vuelto a realizar cobros unilaterales y abusivos y protagonizado reyertas por el dominio de rutas.
Hay que condenar de forma enérgica el terror implantado por individuos que dicen pertenecer a la Federación Nacional de Transporte la Nueva Opción (FENATRANO) y que han protagonizado riñas con miembros de la Confederación Nacional del Transporte (CONATRA).
Y las autoridades, que tan prestas están para intervenir con energía y prontitud ante situaciones de menor rango en perjuicio público, no deberían limitarse a contemplar estos actos vandálicos.
En los últimos días más de 20 personas han resultado heridas a batazos, pedradas y puñaladas, como resultado de violentos enfrentamientos entre choferes y pasajeros por el control de las rutas Yaguate-San Cristóbal y Baní.
Como si no fuera suficiente con estos intolerables desórdenes, FENATRANO se ha dedicado además a realizar paros sorpresa, lo que ha provocado un caos en el transporte y dejado varados a miles de pasajeros en el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo.
Además de ofrecer un servicio deficiente, con unidades en malas condiciones, estos transportistas pretenden utilizar las rutas como feudos particulares y recurren a paros cada vez que tienen algún motivo para presionar o quejarse ante el Gobierno.
Sin embargo, es la gente pobre la que sufre siempre las consecuencias directas de estas suspensiones antojadizas, ahora agravadas con trifulcas a las que se exponen usuarios del transporte, ajenos por completo a estos conflictos.
¿Quién se animará a intervenir para poner freno a este caos de perfiles y consecuencias tan peligrosas, que se suma ahora como un nuevo factor de inseguridad ciudadana?
Es una pregunta que debería encontrar una contundente respuesta, antes de que tengamos nuevas batallas campales en nuestras calles.
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