La solidaridad y sentido de nobleza del gobierno y el pueblo de la República Dominicana ante la tragedia haitiana han sido admirables, a pesar de críticas desconsideradas, imputaciones injustas y un sinnúmero de incomprensiones que hemos tenido que soportar pacientemente.
Por esas razones han surgido interrogantes en torno a la pertinencia de regalar una universidad a Haití a un costo de 30 millones de dólares que saldrán de las costillas de los dominicanos.
Quizás lo que proceda es que ese centro sea construido por la élite millonaria haitiana, que vive muy bien y que nada hace por sus depauperados hermanos.
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