Con su carta pastoral con motivo de celebrarse hoy el Día de Nuestra Señora de La Altagracia, madre espiritual del pueblo dominicano, la Iglesia católica ha dado un ejemplo de humildad que reafirma su importante papel de guía y orientación en la sociedad dominicana.
Al pedir la indulgencia de los dominicanos, tras reconocer que ha cometido errores y que no siempre ha estado a la altura de su fe, vocación y responsabilidades, la Iglesia ha dado una gran demostración de entereza e integridad.
Si bien es una actitud admirable, en nada es sorprendente, porque ha sido durante décadas una de las instituciones que ha gozado de mayor aprecio y credibilidad, debido a su recta trayectoria y sus actos en favor de las mejores causas del pueblo dominicano.
Como recuerda en la carta pastoral, por su carácter liberal y a pesar de sus limitaciones, durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo fue la única entidad que no pudo ser controlada por los secuaces de ese siniestro período.
En la actualidad y en medio de los conflictos y dificultades sociales de toda índole, la Iglesia católica realiza una trascendente labor como mediadora en una sociedad que no encuentra su institucionalidad y que vive expuesta a la inestabilidad.
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