La presencia en Puerto Príncipe del exdictador Jean Claude Duvalier y las tensiones que esto ha generado, no solo en Haití sino también en la República Dominicana, es otra prueba de cómo los acontecimientos en el vecino Estado repercuten de inmediato en nuestro país.
Esta interacción ha sido histórica por el factor real e ineludible de compartir un mismo territorio insular, pero con el paso del tiempo ha tenido mayor incidencia por la forma en que se ha incrementado la inmigración haitiana.
A pesar de que Estados Unidos cree que el regreso de Duvalier, luego de 25 años de exilio en Francia, no tendrá mayores repercusiones, la visión dentro de Haití y desde la República Dominicana es bien distinta.
Con justificadas razones, avaladas día a día por un sinnúmero de circunstancias, como el hecho de que los haitianos se encaminan ya a convertirse en una minoría étnica, pero con influencia, tanto local como externa, se teme que Duvalier puede enturbiar aun más el conflictivo ambiente social y político que prevalece en Haití.
Insistimos que por todo ello se impone que las autoridades dominicanas se aboquen –sin dejarse doblegar por las presiones de la comunidad internacional– a reforzar los controles fronterizos, detener el paso de indocumentados y a seguir las repatriaciones sin vacilaciones, pero respetando los derechos humanos.
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