La gestión de Niní Cáffaro en la dirección del Teatro Nacional ha generado expectativas muy favorables, en vista de la recta y exitosa trayectoria de un artista que goza de respeto y admiración en diferentes círculos de la sociedad dominicana. Entre sus muchos atributos personales, figura el de un ser humano de trato afable.
Pero que nadie se lleve a engaño. Por su sentido de responsabilidad y apego a que las cosas se hagan como Dios manda, de seguro no le temblará el pulso para corregir distorsiones y prevenir conflictos en el Teatro Nacional.
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