El aumento en el precio del pan y de un sinnúmero de alimentos adicionales de consumo masivo, conjuntamente con el alza de los pasajes en el transporte público y en la tarifa energética, conforman un cuadro muy preocupante en la carga de los presupuestos familiares, en el inicio del 2011.
El incremento de la electricidad se había anunciado desde el año pasado, pero es ahora cuando entrará en vigencia con mayor impacto por coincidir con otras alzas que, por su naturaleza, impactan negativamente en la calidad de vida de la población.
Con los precios internacionales del petróleo en alza y con pronósticos de que podrían sobrepasar los cien dólares el barril, se teme que la carestía puede aumentar y extenderse en una serie de bienes, servicios y productos.
Esto tiene un trastornador efecto multiplicador que pone en serios aprietos económicos a amplios segmentos de la población dominicana, ya que se generan subsecuentes aumentos en los combustibles y en la transportación de carga, entre otros rubros.
Para miles de empleados y trabajadores, principalmente los que ganan el salario mínimo, esto representa de hecho una drástica reducción en su capacidad adquisitiva. Hay que buscar fórmulas que alivien esta situación de forma rápida y efectiva.
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