Acinco días de cumplirse el primer año del terremoto que devastó a Haití, el panorama general de penurias y carencias de su pueblo no puede ser más desolador.
Como en los fatídicos días que siguieron al sismo, cuando miles de cadáveres eran removidos de los escombros, este aniversario encuentra al vecino Estado sumido en otro doloroso cuadro: una epidemia de cólera que ha provocado hasta ahora 3,481 muertes.
Se trata de una gran tragedia encima de la desgracia que aun representa el hecho de que cientos de miles de familias que sobrevivieron al movimiento telúrico viven aun en carpas y sin las mínimas condiciones sanitarias.
La comunidad internacional, que tantas promesas y pronunciamientos de ayuda hizo a raíz del terremoto, ha sido indolente y ha dejado a los haitianos a merced de aciagas circunstancias.
Ante esta increíble dejadez, la República Dominicana ha sido el país más solidario y el proveedor real de asistencia, pero no puede hacer más de lo que le permiten sus recursos.
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