El postrer tributo que fue rendido en el Palacio Nacional al expresidente Salvador Jorge Blanco con un sentido discurso del presidente Leonel Fernández tuvo un alto significado, más allá del estricto ceremonial y del protocolo que corresponde a un exjefe de Estado fallecido.
Es un ejemplo de cómo las fuerzas políticas pueden asumir un comportamiento humano y fraterno, por encima de las diferencias partidarias o grupales. Ojalá que rasgos como éste no solo lo observemos en circunstancias dolorosas para de esta manera contribuir al fortalecimiento de la coexistencia civilizada en sociedad.
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